Elegir colores porque “nos gustan” es un buen punto de partida, pero no alcanza. Una paleta de marca tiene que poder explicarse.
En nuestro caso, el petróleo nace del agua y del celeste que atraviesa toda la cultura rioplatense; el amarillo, del Sol de Mayo que compartimos. Negro y blanco sostienen el resto.
Cuatro preguntas antes de elegir
- ¿Qué quiere transmitir la marca?
- ¿Qué colores usa la competencia y cómo me diferencio?
- ¿Funciona en pantalla, en papel y en blanco y negro?
- ¿Hay suficiente contraste para leer bien?
Una paleta corta y bien justificada vale más que veinte colores sin porqué.